Curso de Administración Deportiva (Comité Olímpico Argentina)

AFICHE_FASA_CURSO_COA2016Estimados socios, como muchos saben, la Escalada Deportiva está a un paso de convertirse en Deporte Olímpico. La gran noticia llega junto con la necesidad de formar a los futuros encargados de llevar el deporte al más alto nivel internacional: y para eso, el Comité Olímpico Argentina, ofrece un curso de tres días en la ciudad de Bariloche, organizado en conjunto con la Federación Argentina. El costo del Curso es muy bajo ($200). Desde el Club estamos en condiciones de ayudar económicamente tanto con la inscripción como con los pasajes.

Los interesados escribir al Presidente del CAC para coordinar: nicolasunsain@gmail.com

Saludos,
la Comisión Directiva.

Las imponentes vistas de la cuesta del Iata

Vista General del Cordon

Por Martín Salas

Bello recorrido con gente magnífica por los senderos de los paisanos. Aquellos que llevaron al Cura Buteler a dar misas.
Y este camino fue la excusa perfecta para salir a caminar por nuestras queridas sierras grandes. Más precisamente en la asombrosa Quebrada de Yatan (Yatalaya).
El clima, caprichoso componente si los hay, nos presentó dos días muy distintos. Mientras el sábado nos regaló niebla empecinada en jugar con la geografía; el domingo fue a puro sol. Allí nos dejó observar todo.

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Una nueva edición de choris + boulders

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Caminante no hay camino

Por Fernando Guevara

Cuenta la leyenda, que una pasión unió a un grupo de personas un 2 abril del 2016. Las ganas de conectarse con la naturaleza pudo mucho más que las agobiantes rutinas que en la ciudad nos esperan.

Ya desde temprano se percibía un clima ameno y alegre, el transporte fue excelente lo cual permitió disfrutar desde el primer momento todo.

Al llegar a las Altas Cumbres, hicimos una pequeña parada en uno de esos lugares que uno no le presta atención al pasar. Quedé maravillado con todas las fotos de la fauna y la información sobre la misma que en ese lugar había.

Ya terminada la parada, nos trasladamos hacia el lugar donde comenzamos el trekking. Pasando por una tranquera, nos metimos entre piedras y pajonales hasta llegar al mirador para observar la hermosa Quebrada de Batán y poder observar como renegaba nuestra guía (La Gallega Silvia Navarro Ramos), con su palito para ser feliz, perdón para selfies y su cámara, por supuesto que en el medio muchas risas.

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Luego de esa hermoso avistaje, retomamos la caminata hasta llegar al anhelado lugar del almuerzo, hermoso lugar debajo de uno de los puentes colgantes y al reparo de la hermosa flora que el lugar nos dejaba compartir, y con una pequeña siestita de por medio.

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Al retomar el viaje nos metimos en el sendero hacia el lugar del campamento, en donde al llegar inmediatamente armamos el campamento para poder luego disfrutar de una increíble merienda a la orilla del arroyo y tomarnos el tiempo de conocernos mejor con el resto del grupo. Al terminar la merienda, unos de cuantos decidimos unirnos a la exploración de José Curetti por las cercanías y eso nos llevó a descubrir más cosas hermosas de ese lugar que nos ofrece su flora y su fauna.

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Al regresar, ya era hora de preparar todo para la cena así que nos pusimos todos a cocinar. Era increíble la variedad de comidas que empezaron a florecer de esas ollas con tantas historias y marcas en ellas y se armó una especie de Paicor en donde todos comían de todo sin vergüenza y con mucho placer por las exquisiteces que presentaban los distintos comensales. Historia que viene, chiste que va, de a poco fue concluyendo la cena y al ir afianzándose la noche unos pocos quedamos admirando el hermoso espectáculo de estrellas que uno solo puede apreciar en muy escasos lugares, cada uno apreciando el sonido del arroyo fluir y esa leve brisa de aire limpio, cada uno a su manera; hasta que el cansancio del día nos ganó y nos transportó hacia nuestras carpas a un descanso relajado sin ninguna preocupación más que el de que  la gallega nos intente despertar con su cansada y disfónica voz al día siguiente jajaj!! (Una masa la Sil).

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El domingo nos despertamos con el cielo nublado pero con muchas ganas de continuar conociendo. Mientras desayunábamos apareció Agustín con una sonrisa tímida trayendo como trofeo una trucha que con algo de paciencia logro pescar y garantizar un rico almuerzo.

Comenzamos a caminar bordeando el río y entre piedras y plantas florecía el espíritu de ayuda en donde siempre había una mano para ayudarte a subir o bajar, y acompañando la caminata las explicación de la Pato y Fer sobre la fauna autóctona. Al llegar a destino nos encontramos (para aquellos que nunca tuvimos la suerte de verlo) un hermoso paisaje compuesto por una inmensa cascada y la unión de 3 arroyos en donde da nacimiento al Rio Icho Cruz, un hermoso lugar para descansar y pensar. Al regresar hacia el campamento nos acompañó una leve garúa que nos refrescaba. Una vez ahí nos dispusimos a comer algo y levantar campamento para el inevitable regreso a nuestros respectivos hogares. Durante todo el trayecto de regreso nos acompañó una llovizna purificadora que particularmente considero que hizo más ameno la vuelta. Al llegar al lugar de encuentro tuvimos un tiempito hasta que nos vinieran a recoger asique aproveche y me senté bajo el reparo de un árbol con un paisaje de fondo en donde los colores resaltaban de una manera increíble gracias a la lluvia y el sonido de la fauna que acompaña el lugar.

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Como no podía faltar, el tercer tiempo, encontramos un lugar en donde la atención y el calor hogareño estaban a la orden del día, y junto con unas cervecitas y unas pizzas brindamos por el objetivo cumplido y por el hermoso encuentro que se produjo.

Muchas gracias a todos aquellos que hicieron posible una experiencia tan linda como la que vivimos. Gracias Sil, José, Bestia, Solé, Tobi, Olga, Fer, Pato, Javi, Eze, Maxi, Agustín, Angie, Carlos, Agus, Gabi, Marció, Ivana.

Por muchas salidas más!!!

Seis cordobeses en la cumbre del Fitz

Por Fernando Martínez*

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Desde la primera vez que ví una foto del Fitz, soñé algún día intentar escalarlo. Nunca pensé que se iba a dar de esta manera: con un grupo de amigos súper motivados y un tiempo perfecto.
La idea comenzó a gestarse una tarde en Porter Bar. Entre pinta y pinta, Hernán y Maxi me incentivaron para ir por la vía Californiana. Sin dudarlo mucho acepté, aunque solo restaba un detalle: ¡Conseguir a alguien que me cubriera cinco días de guiada! Buscando, el Seba me dijo que me cubría y todo fue tomando forma.
Juan Jerez y Aníbal Lombardelli, ambos de Carlos Paz, también estaban con intenciones de ir a la misma vía. Agitamos un poco a Diego Molina y se armó un mega super team de seis cordobeses.
Luego de organizar la logística y terminar con todos los preparativos salimos para la Laguna De los Tres Superior, donde llegamos al atardecer justo para hacer unas fotos, comer algo e intentar dormir un par de horas.

A la medianoche arrancamos por el glaciar, cruzamos Paso Superior y seguimos hasta el pie de la Brecha de los Italianos la cual superamos bien por la izquierda. Llegamos arriba cuando estaba amaneciendo, el tiempo era perfecto, ni una mínima brisa, estaba ideal. No parábamos de sacar fotos y disfrutar de las increíbles vistas del Cordón del Torre y el Campo de Hielo Sur.

Armamos el vivac y nos tiramos a dormir un rato hasta que el sol nos comenzó a cocinar. Todo el día lo destinamos a descansar y esperar que baje la temperatura para entrar a la vía. A la madrugada cruzamos todo el nevé de “La Silla” en dirección al Col de los Americanos. Aquí alcanzamos el espolón donde arranca la Ruta de Los Californianos. Esta ruta fue la tercera ascensión al cerro abierta por Yvon Chouinard, Richard Dorworth, Lito Tejada Flores, Doug Tompkins (USA) y Chris Jones (UK) en 1968. Para nosotros todo un honor repetir esta línea, encontrar clavos de los viejos e imaginarlos en plena faena. Increíble hazaña para la época.
Ensamblamos unos largos de mixto fácil que llevan a una sección de roca compacta. La mañana estaba fresquita y arranco Maxi para arriba como un titán.
Por un lado adelante iba Hernán, Maxi y Juan, y luego veníamos nosotros con Diego y Aníbal. Teníamos la ventaja de que Juan ya había intentado la ruta un año antes y conocía los primeros largos, así que íbamos como flecha para arriba. La escalada fue muy relajada, esa sensación de ir en banda también te da tranquilidad a pesar de estar en un entorno super comprometido.
Luego de unos diez o doce largos, salimos a las torres superiores donde la ruta se une a la Supercanaleta. Un rapel corto nos deja en los diedros finales de esta ruta, unos supuestos largos fáciles. A la tardecita, estábamos encarando el fin de dificultades, donde ya nos desencordamos y con cuidado recorrimos los trescientos metros finales a la cumbre.
De los seis, tres ya se habían parado en este punto antes, así que nos cedieron ese lugar y fuimos primeros con Diego y Anibal. ¿Qué decir? Increíble, ahí me cayó la ficha del día, de donde estábamos y lo que habíamos logrado. Un sueño hecho realidad. Lágrimas, festejos y abrazos cumbreros de esos que te erizan la piel. La vista increíble, desde el cerro San Lorenzo al norte, el campo de hielo, el cordón Mariano Moreno, todo bajo nuestros pies. Sin palabras. Nos quedamos contemplando esa inmensidad que nos recuerda por que subimos montañas.

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Comenzó a anochecer y tuvimos que volver a la realidad. Entrábamos en un dilema: ¿Encarar los rapeles de noche o vivaquear a pelo en la cumbre? Elegimos la segunda opción y comenzamos a preparar la cucha para tiritar y cucharear en trencito los seis. Maxi hizo una repartija metódica de la poca comida que nos quedaba. Fundimos nieve. Hidratamos. Nos acomodamos, y a sufrir!! Que frío!!

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Cerca de las cinco ya no dábamos mas y comenzamos a movernos, armar las mochis y arrancar el destrepe. Encontramos el primer rapel de la Franco-Argentina y salimos como rayo para abajo. Veníamos super bien, y excepto por algunas cuerdas que petamos, todo iba sobre rieles. El tiempo se estaba estropeando mas rápido de lo que pensamos y en el último rapel ya estábamos en medio de la tormenta. Llegamos a La Silla con un viento demencial que por momentos nos quería arrancar de la pared. Tratamos de movernos rápido para resguardarnos del lado este, y ya empezar a rapelar la brecha que es un bastante mas protegida del viento. Igualmente a no bajar la guardia, rapeles cortos para no clavar las cuerdas y evitar al máximo la caída de piedras.
Ya en el glaciar relajamos un poco y arrancamos el eterno regreso al pueblo. Desde Paso Superior para abajo lluvia, viento, y frío. Sin parar íbamos por el bosque semi dormidos, pateando todas las raíces que cruzábamos. A las seis de la mañana llegamos a Chaltén luego de 24 horas non stop desde la cumbre. Nos despedimos como si viniéramos de hacer boulder. Nos vemos después y cada zombie a su cama.
Al día siguiente un buen almuerzo y asadito a la tarde para festejar. Ya nos empezó a caer la ficha a todos. ¡Habíamos escalado el Fitz!

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*El texto fue publicado en el sitio web Montañas de Una vida. Para leer la nota completa, hacé clic acá: www.montanasdeunavida.wordpress.com

Las fotografías son gentileza de Fer Martínez y Hernán Ortega.