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Trekking Octubre: 21 y 22/10

Destino a confirmar

Esta salida originalmente estaba prevista para el fin de semana largo de octubre, pero se traslada una semana.

Nos fuimos al Manchao… y volveremos ¡NUEVAS FOTOS!

Que la montaña te sorprende cada vez, no es novedad. Que te enseña siempre algo más, tampoco. Y que te sacude las energías, ¿a quién la caben dudas?

De todo eso tuvimos en el trekking a la Sierra del Ambato, en Catamarca, donde el Club llegó con la intención de coronar el Manchao, con un grupo de 16 entusiastas. Allí fuimos a partir de la inquietud de algunos socios, y de la inestimable colaboración de la Agrupación de Montaña Calchaquí, de la capital catamarqueña, a través de Luis Biaggi, quien nos orientó sobre los pormenores de la travesía, con mapas, puntos de GPS y referencias personales. Las primeras noticias ya nos alertaron de una partida dura para los días que disponíamos, así que nos “fabricamos” un feriado extra largo, desarrollando la salida entre el viernes 18 y el lunes 21 de agosto del corriente año.

La partida desde Rodeo, donde llegamos en varios taxis desde San Fernando, estuvo rodeada del blanco de una intensa helada, e iluminada por un limpio sol que ya no nos iba a abandonar en los días siguientes. Ya a los quince minutos de caminata comenzamos a cruzar el río… y a cruzar…. y a cruzar el río. Unos …¿treinta? cruces (nadie se acuerda de contarlos después de los primeros) nos llevaron por la quebrada que recorre el río Ambato, enmarcado en una flora interesante, similar y distinta a la vez a la de las sierras de Córdoba, dominada en la primera etapa por cocos de un tamaño que hace mucho que ya no se encuentran por nuestras sierras. Un telón de fondo sonoro de bandadas de loros nos fue acompañando en todo el primer tramo. Para el mediodía, con varias “patas”  (y otras partes menos elegantes) metidas en el río, llegamos al puesto de la Cañada, de Mascareño, que nos recibió con su sonrisa y sin los perros con los que nos habían amenazado varios caminantes.
La noche nos sorprendió llegando al Corral de Garriga, hermoso punto de acampe para un grupo: sombra, leña, un ojo de agua cristalino, espacio abundante en un recinto llano y un paisaje para quedarse con la mirada perdida.

El segundo día nos llevó, luego de una corta caminata (dos horas y ¿cuántos? cruces del río que ya toma rumbo norte a corta distancia del Corral) hasta la Casa de Piedra, donde abandonamos el río y comenzamos la trepada en serio.

El primer tramo, encarado buscando un sendero que no conocíamos, nos costó bastante. Cuando lo hallamos, ¡nos siguió costando también!. La primera alegría llega con una pampita en subida, el Abrojito, sembrada de algunos bloques solitarios, donde el paisaje se va abriendo a los ojos, y el Cerro Pabellón comienza a entusiasmar los ánimos. Sobre el final de la pampa, otra trepada especial (nuevamente con alguna dificultad inicial para encontrar el mejor ataque) y pasamos a una nueva pampa en subida, una terraza fluvial impactante que llaman la Mesada. Ya desde allí comenzamos a ubicar con más precisión la zona de la Casa Calchaquí (o Hugo, como llaman otros) donde nos dirigíamos. A todo esto, ya el grupo comenzó a sentir las dificultades del esfuerzo. El equipo del fondo fue acompañando a un rezagado que no lograba encontrar su ritmo, y el resto fue desgranándose a lo largo del eterno faldeo que hay que hacer para llegar hasta el destino. Hay varias opciones para cruzar el filo que acompaña la mesada y que luego se faldea con rumbo ONO. Para las seis de la tarde, fuimos llegando de a poco a ubicarnos en el lugar de acampe.  Cuando llegaron los últimos, un contacto con handies nos confirmó que los tres del fondo buscarían un lugar para pasar la noche, pues los tiempos y el ánimo del rezagado no daban para alcanzar el campamento. Una pequeña vega con agua los albergó en un vivac precario (en la noche la temperatura llegó a bajar a -15º).

Mientras, el resto fue tomando conciencia de las posibilidades para el día siguiente. Con realismo y prudencia, evaluando el descenso, la mayoría se fue decidiendo a dar por culminado el ascenso. Sólo cinco de los más jóvenes se aprestaron para intentar la cumbre. La presencia de dos montañistas locales, que llegaron asistidas por un lugareño a caballo, planteó la posibilidad de aprovechar su conocimiento del lugar para el equipo que seguiría adelante.

A la mañana del domingo, mientras aclaraba, se acordaron los posibles lugares de reencuentro, y las consignas para completar con seguridad las actividades. Con las primeras luces salieron los cinco, junto a las dos montañistas catamarqueñas, que al rato volvían por no sentirse bien una de ellas. Dejamos la voz de uno de los que siguieron para conocer sus impresiones:

"El cansancio de dos días de caminar nos va ganando como así también las sombras de los filos que nos rodean.
Para bien, el calor del campamento puede con el frío del clima, y no se hace sentir tanto, además de acompañarnos con unos días bien soleados, noches de estrellas mas que brillantes y sorprendernos con un bello amanecer, que nos encuentra a Diego, Agustín, Miguel, Santiago y a mi, saliendo hacia el filo de la cumbre del MANCHAO.

Ésta no se puede observar desde el campamento. Cuando por fin se deja ver me parece tan majestuoso, como grandes son sus acarreos de piedras, los cuales faldeamos hasta llegar a una canaleta con manchones de nieve, ubicada justo debajo de lo que parece ser la cumbre, por sus dos cruces que teníamos como referencia. La progresión comienza a dificultarse y a convertirse en escalada por lo que decido volverme, tres compañeros avanzan e insisten un poco mas pero también desisten ya que no llevábamos elementos como para asegurar esos pasos.
De haber tenido mas tiempo lo habríamos intentado por segunda vez por uno de sus acarreos, pero no lo tenemos, ya que todavía nos falta regresar a Casa Calchaquí (camp 2), e intentar aproximarnos al resto del grupo que había comenzado el regreso hacia Corral de Garriga. Y lo logramos, llegamos ya de noche y bastante agotados a Casa de Piedra, donde comimos algo y dormimos, para a la mañana siguiente salir hacia el Corral, donde nos reagrupamos con los compañeros, que sin importar que no se había logrado la cumbre, nos recibe con abrazos y sonrisas, para luego emprender la marcha hasta El Rodeo, marcha condimentada con bromas, contracturas musculares y más metidas de pata en el río".

Volvemos al grupo principal, reducido a ocho en la Casa Calchaquí. La mañana nos encontró haciendo sebo en un entorno hermoso. Hasta aquí, para cordobeses, podría compararse con la subida al Champaquí desde Los Molles… pero la diferencia es que ya estamos a 3250 m de altura, y faltan aún 1300 m de desnivel. El equipo del fondo decide comenzar la bajada pro el sendero del día anterior, y los ocho restantes comenzamos a las 11 a bajar por nuestro lado. Intentamos un perfil distinto, buscando el filo que el día anterior habíamos faldeado más abajo. El recorrido se muestra novedoso, y más panorámico, y sigue por el filo hasta una bajada directa a la última parte de la Mesada, bautizada por los caminantes como la “cuesta del Condominio”… por la cantidad de veces que todos “compramos” terreno! El lugareño con los caballos  nos permitió ver una mejor bajada para el último tramo del Abrojito, con la única salvedad que, ya a la vista del río, en plena bajada, nos encontramos con un barreal inesperado que  dejó a varios con el recuerdo hasta las rodillas.

En Casa de Piedra nos reunimos con el equipo del fondo, y ya juntos marchamos hacia el Corral de Garriga, donde repetimos el acampe del primer día. La noche nos acompañó con la inquietud de cómo estarían los compañeros que intentaron la cumbre, pregunta que se respondió sola al día siguiente, cuando ya estábamos a punto de partir: al trote largo, la cola en alto, y la lengua dispuesta a saludar a cada uno de los que estábamos allí, llegó antes que nadie “Alfa”, la perrita que nos venía acompañando desde el Rodeo, y que había elegido seguir al grupo de cumbre, a los que acompañó hasta el último punto que alcanzaron. Bautizada así por el alfajor que se robó  mientras nos disponíamos a partir el primer día, se ganó el cariño primero, y el respeto después, de todos los participantes, mostrando el camino, saltando el río buscando los mejores cruces, compartiendo la comida y la poco agua de la subida, o retornando entusiasmada, cuando la Casa Calchaquí parecía inalcanzable, con las patas y el hocico embarrado, como diciendo "¡Ánimo, que ya llegamos al agua!".

Ya todos reunidos, y con el ánimo más distendido, transcurrieron las horas para llegar en forma más tranquila a Rodeo, desandando el recorrido del primer día. La consabida foto de todo el grupo se matizó con la foto de los restos de bastones, que mostraron la dureza de algunos tramos. Allí nos enteramos que "Alfa" era en realidad "Linda", y que sus dueños (de la Hostería) la estaban extrañando desde hacía cuatro días. Un transporte local, conseguido con los buenos oficios de los amigos del Grupo Calchaquí, nos llevó hasta la terminal de Catamarca, donde -con algunos tropiezos propios del agotamiento general- logramos recuperar algo de calorías perdidas, y comenzar el retorno que nos dejaría en Córdoba a las 6 de la mañana del martes, frescos y dispuestos para un día de trabajo normal… bueno, más o menos.

Un último comentario, necesario, para aclarar que salidas como ésta son posibles sólo por la colaboración de todos los participantes: los que resignan objetivos para ayudar rezagados, a costa de sus propias incomodidades (¡Gracias, Mónica y Ricardo!); los que se suman buscando senderos, ayudando los cruces del río, colaborando para alivianar al acalambrado, o brindando su lugar en la carpa para el que quedó separado de su compañero. Con ese espíritu, cada salida es un aprendizaje, una enseñanza, y un disfrute integral. Con ese espíritu, y la experiencia ganada, ¡nos vemos el año que viene, Manchao!

PRIMER DIA: 15 KM – De 1300 a 2300 m
SEGUNDO DÍA: 7 KM – De 2300 a 3250 m
TERCER DIA: Grupo cumbre: 3km hasta 4500m y 8 km hasta 2500   Grupo Bajada: 7 km – De 3250 a 2300 m
CUARTO DÍA: Grupo cumbre: 17km de 2500 a 1300m   Grupo Bajada: 15 KM – De 2300 a 1300 m

  Las fotos del texto gentileza de Roberto, Javier y Diego. Las que se agregan sobre el tramo final, gentileza de Agustín.

   Vista de la canaleta final    ¡Adivinen quién primereaba!
   Hasta aquí llegamos…  
 La ruta relevada de ida y vuelta (hasta Casa Calchaquí)

 

Trekking Septiembre: GIGANTES con recuerdos

Finalmente se concreto la salida a los Gigantes, después de idas y venidas, de ausencias, de resfrios, compromisos familiares, un grupo de seis socios logro sortear todos los escollos y el fin de semana  del 16 y 17/9 subimos al Refugio, ascendiendo por la normal y acompañados por muy buen tiempo.

Esta vez no tenemos fotos, solo imágenes que quedaron en nuestra memoria, de las formas siempre caprichosas de las rocas, de lo imponente del lugar.

Durante el recorrido, al pasar por las zonas tradicionales como  "el pollito", "el tío", "la cuesta de Jimenez", el "Cerro la Cruz", "el paso del viento", y durante la estadía en el refugio, fueron aflorando los recuerdos de los caminantes, de historias de andanzas de antiguos socios por aquellos lugares.

Entre mate y mate, se realizaron algunos arreglos en el refugio a efectos de acondicionarlo para una estadía más cómoda de los socios.

Para el retorno, en la siesta del domingo, se eligió el sendero de "a cara e perro", y de esa forma se disfrutó de la amplia vista a la zona del Yuspe..

De regreso a casa, mirando por la ventana del transporte, y al ir alejándonos íbamos pensando en nuestro próximo regreso.

Linderos – Loma Bola: largo, lindo y lento…

Después de varios años de no transitar la zona, el grupo de trekking del CAC volvió a caminar por "la cornisa" de Córdoba, recorriendo el filo que corona la Sierra de Comechingones, entre el camino del Cerro Los Linderos y la zona de Loma Bola, en Traslasierra. Un trayecto de 23 km de distancia (en línea recta), con más una bajada de 1500 m hasta el valle: un buen reto.
Un grupo compacto de nueve caminantes desafió, en primer lugar, los pronósticos de mal tiempo -que luego, como corresponde, no se verificaron- aunque la llegada al filo de la sierra coincidió con una neblina cerrada, que le agregó emoción al trayecto. Siguiendo una senda de 4×4, llegamos hasta la zona donde se produjo un accidente aéreo hace varios años, hoy convertido en destino de visita de aquellos vehículos. Un viento oportuno despejó las nubes, y el paisaje comenzó a mostrarse en toda su inmensidad, junto al dramatismo de las imágenes del impacto.
El recorrido siguió por el no siempre visible sendero del filo, que a veces se enangosta, y a veces toma el aspecto de una pequeña pampa de altura. Primero a jirones, y luego totalmente, ambos valles (de Calamuchita y de Traslasierra) se iban mostrando. En el primer caso, los lagos del sistema de embalses del Río Tercero eran el elemento descollante; en el otro, los nuevos cultivos con sistemas de riego circular, dibujando nuevas geometrías en el terreno. Mientras tanto, varias tormentas cruzaban por delante del grupo, para terminar descargándose sobre el valle y las Sierras Chicas, añadiendo sorpresa y espectacularidad al recorrido.
Alrededor de las 17, aprovechando una pequeña quebrada perpendicular al filo, con buena agua… y las muchas ganas de terminar la actividad del día, se estableció el acampe, habiendo recorrido uns 12 km del sendero del filo.
La mañana resultó un tanto fresca (un termómetro marcaba -8º) y la partida se demoró para "descongelar" las carpas. Este fue uno de los primeros errores de apreciación del día, ya que el retraso redundaría luego en la hora de arribo final. En un par de horas, y siguiendo un paisaje muy similar al del día anterior, ya nos encontrábamos a la altura de Loma Bola. Pero… allí "se nos acabó el mapa" de la memoria. Buscábamos la Cuesta de Galán, que accede al valle desde el Sur.  Además, en este sector se terminó el recorrido casi lineal por el filo, pues aquí la sierra se complica con varias quebradas transversales.
Como corresponde, los problemas se transforman en oportunidades: cada paso acercándonos al filo, nos mostraba un nuevo perfil casi vertical de la sierra, aprendiendo a discernir por dónde no pueden bajar las cuestas. Durante unas tres horas, fuimos recorriendo todos los accidentes del borde, hasta que el bendito sendero comenzó a mostrarse, junto con la vista del contrafuerte por donde descendía hasta el llano. Avisamos al transporte de la demora estimada, y para las 18 estábamos en el arranque de una cuesta espectacular, y recorriéndola a una hora que normalmente no lo haríamos. Los colores del atardecer nos mostraron el sendero tallado en la montaña, recorriendo el filo del contrafuerte y zigzagueando hacia las quebradas profundas. Todo se tiñó de tonos cálidos, y rápidamente una luna casi llena tomó el lugar del sol para alumbrar el camino. Todavía faltaba mucho, incluyendo algunos calambres, pero el ánimo no decayó, y un grupo compacto llegó al final del camino, pasada la medianoche, luego de 13 horas y media de caminata, con un desarrollo de alrededor de 26 km.
Como decíamos, el problema de no encontrar la cuesta se transformó en la oportunidad de conocer y aprender… y también de llegar con la lengua afuera y los tobillos desgastados hasta las rodillas… pero ¿quién te quita lo bailado? ¡Ya estamos haciendo programas para el Manchao!

Próximamente más fotos, también gentileza de Ricardo Bellegarde, Raúl Benavídez y Verónica Stain

Al Champaquí por el Hueco: bello… y duro

 

El fin de semana del 13 y 14 de mayo pasados, a la luz de una luna llena excepcional, bajo un cielo diáfano de esos de Traslasierra, nuevamente nos llegamos hasta el Hueco, en la ruta al Champaquí desde Los Molles, y el 14 coronamos el filo de la sierra y el techo de Córdoba, con toda el horizonte a nuestra disposición.

Eso sí, para llegar… hubo que transpirar la camiseta! Partimos a la medianoche de desde Córdoba, y cerca de las 3 de la mañana comenzamos la recorrida. Para la hora de aclarar, ya habíamos avanzado bastante, y desde la quebrada que se interna en la sierra fuimos despidiendo la luna amiga. Lo que no era tan amigo era el cansancio que se iba acumulando, a pesar de la belleza del paisaje. Con la "lengua afuera" hicimos el faldeo que sube al Hueco, con su bella vista del valle. Sobre el claro del bosque, aún no se había acercado el sol, que por la posición respecto al filo de la sierra tarda hasta después de las 10 en alumbrarlos directamente.

El espectáculo de la helada fue incomparable, tanto en el follaje de los tabaquillos (las máquinas no cesaban de disparar fotos) como en el césped del piso. Por supuesto, a  los caminantes les sobraba el calor… humano del esfuerzo de la subida. Después de alguna deliberación, primó el criterio de subir a la cumbre el domingo, y así mientras algunos deshacían parte del camino para ubicar algún rezagado, el resto armó campamento y se dedicó a tareas más descansadas. La oportunidad sirvió también para recorrer un poco uno de los pequeños bosques de grandes árboles que atesoran las Sierras Grandes, en una época especial, pues la humedad se mantenía todavía, y la vegetación estaba en todo su esplendor. Así, toda la riqueza del bosque de tabaquillos más lindo del mundo, y de su arroyo, se abrió ante los participantes de la salida.

El domingo, con la fresca (¡chuy!) nuevamente a subir; ya con poca carga. Mientras la imagen del Hueco y su claro en el bosque se achicaba abajo, se fueron pasando las horas de la mañana hasta alcanzar el filo y todo el panorama de la provincia se abrió a la vista del grupo. Los volcanes de Pocho, Los Gigantes a lo lejos hacia el norte, y ahí nomás el mundo de rocas del macizo del cerro Negro o de la Totora; todas las Sierras Chicas hacia el este, con los valles de Calamuchita y Punilla con sus lagos; más allá, la pampa llana y cultivada al este y al sureste, la continuidad de los Comechingones para el sur, y el Valle de Traslasierra, con las sierras de San Luis en la bruma que se comenzaba a levantar, hacia el oeste.

El tiempo alcanzó para saludar a don San Martín, descansar un poco  al sol y tomar aliento. Sin muchas pausas, se emprendió la bajada, en el marco de rocas verticales y pendientes empinadas característicos de la zona, para luego desarmar campamento y, caminando el atardecer, llegar ya con el sol bajo a donde nos esperaba el trasporte. Todo culminó en el cálido y significativo ambiente de "Macondo", el boliche de la esquina de Las Rosas donde usualmente celebran los caminantes del Club la tarea cumplida.

FOTOS GENTILEZA RAÚL, ROBERTO Y MIGUEL

   Campamento helado y rocas al sol    Fondo vertical
   Vista al Nor Este    Más colores del atardecer
   …¿hasta ahí pretenden que yo suba???    ¡Hummmm…! ¿Dónde estaban las sherpas?
 
 Cacho y el Tabaquillo: ¡Las historias que tendrán para contar!  
 Casi todo el grupo, a la buena sombra de un abuelo

El otoño estaba resplandeciente en el Hueco…

   Las barbas del tabaquillo    Helechos en el bosque
   Gencianas…    …¡y más gencianas!
   Primera nieve    La corteza del tabaquillo
   Todos tienen lugar en el bosque    Paraíso otoñal