Seis cordobeses en la cumbre del Fitz

Por Fernando Martínez*

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Desde la primera vez que ví una foto del Fitz, soñé algún día intentar escalarlo. Nunca pensé que se iba a dar de esta manera: con un grupo de amigos súper motivados y un tiempo perfecto.
La idea comenzó a gestarse una tarde en Porter Bar. Entre pinta y pinta, Hernán y Maxi me incentivaron para ir por la vía Californiana. Sin dudarlo mucho acepté, aunque solo restaba un detalle: ¡Conseguir a alguien que me cubriera cinco días de guiada! Buscando, el Seba me dijo que me cubría y todo fue tomando forma.
Juan Jerez y Aníbal Lombardelli, ambos de Carlos Paz, también estaban con intenciones de ir a la misma vía. Agitamos un poco a Diego Molina y se armó un mega super team de seis cordobeses.
Luego de organizar la logística y terminar con todos los preparativos salimos para la Laguna De los Tres Superior, donde llegamos al atardecer justo para hacer unas fotos, comer algo e intentar dormir un par de horas.

A la medianoche arrancamos por el glaciar, cruzamos Paso Superior y seguimos hasta el pie de la Brecha de los Italianos la cual superamos bien por la izquierda. Llegamos arriba cuando estaba amaneciendo, el tiempo era perfecto, ni una mínima brisa, estaba ideal. No parábamos de sacar fotos y disfrutar de las increíbles vistas del Cordón del Torre y el Campo de Hielo Sur.

Armamos el vivac y nos tiramos a dormir un rato hasta que el sol nos comenzó a cocinar. Todo el día lo destinamos a descansar y esperar que baje la temperatura para entrar a la vía. A la madrugada cruzamos todo el nevé de “La Silla” en dirección al Col de los Americanos. Aquí alcanzamos el espolón donde arranca la Ruta de Los Californianos. Esta ruta fue la tercera ascensión al cerro abierta por Yvon Chouinard, Richard Dorworth, Lito Tejada Flores, Doug Tompkins (USA) y Chris Jones (UK) en 1968. Para nosotros todo un honor repetir esta línea, encontrar clavos de los viejos e imaginarlos en plena faena. Increíble hazaña para la época.
Ensamblamos unos largos de mixto fácil que llevan a una sección de roca compacta. La mañana estaba fresquita y arranco Maxi para arriba como un titán.
Por un lado adelante iba Hernán, Maxi y Juan, y luego veníamos nosotros con Diego y Aníbal. Teníamos la ventaja de que Juan ya había intentado la ruta un año antes y conocía los primeros largos, así que íbamos como flecha para arriba. La escalada fue muy relajada, esa sensación de ir en banda también te da tranquilidad a pesar de estar en un entorno super comprometido.
Luego de unos diez o doce largos, salimos a las torres superiores donde la ruta se une a la Supercanaleta. Un rapel corto nos deja en los diedros finales de esta ruta, unos supuestos largos fáciles. A la tardecita, estábamos encarando el fin de dificultades, donde ya nos desencordamos y con cuidado recorrimos los trescientos metros finales a la cumbre.
De los seis, tres ya se habían parado en este punto antes, así que nos cedieron ese lugar y fuimos primeros con Diego y Anibal. ¿Qué decir? Increíble, ahí me cayó la ficha del día, de donde estábamos y lo que habíamos logrado. Un sueño hecho realidad. Lágrimas, festejos y abrazos cumbreros de esos que te erizan la piel. La vista increíble, desde el cerro San Lorenzo al norte, el campo de hielo, el cordón Mariano Moreno, todo bajo nuestros pies. Sin palabras. Nos quedamos contemplando esa inmensidad que nos recuerda por que subimos montañas.

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Comenzó a anochecer y tuvimos que volver a la realidad. Entrábamos en un dilema: ¿Encarar los rapeles de noche o vivaquear a pelo en la cumbre? Elegimos la segunda opción y comenzamos a preparar la cucha para tiritar y cucharear en trencito los seis. Maxi hizo una repartija metódica de la poca comida que nos quedaba. Fundimos nieve. Hidratamos. Nos acomodamos, y a sufrir!! Que frío!!

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Cerca de las cinco ya no dábamos mas y comenzamos a movernos, armar las mochis y arrancar el destrepe. Encontramos el primer rapel de la Franco-Argentina y salimos como rayo para abajo. Veníamos super bien, y excepto por algunas cuerdas que petamos, todo iba sobre rieles. El tiempo se estaba estropeando mas rápido de lo que pensamos y en el último rapel ya estábamos en medio de la tormenta. Llegamos a La Silla con un viento demencial que por momentos nos quería arrancar de la pared. Tratamos de movernos rápido para resguardarnos del lado este, y ya empezar a rapelar la brecha que es un bastante mas protegida del viento. Igualmente a no bajar la guardia, rapeles cortos para no clavar las cuerdas y evitar al máximo la caída de piedras.
Ya en el glaciar relajamos un poco y arrancamos el eterno regreso al pueblo. Desde Paso Superior para abajo lluvia, viento, y frío. Sin parar íbamos por el bosque semi dormidos, pateando todas las raíces que cruzábamos. A las seis de la mañana llegamos a Chaltén luego de 24 horas non stop desde la cumbre. Nos despedimos como si viniéramos de hacer boulder. Nos vemos después y cada zombie a su cama.
Al día siguiente un buen almuerzo y asadito a la tarde para festejar. Ya nos empezó a caer la ficha a todos. ¡Habíamos escalado el Fitz!

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*El texto fue publicado en el sitio web Montañas de Una vida. Para leer la nota completa, hacé clic acá: www.montanasdeunavida.wordpress.com

Las fotografías son gentileza de Fer Martínez y Hernán Ortega.