TREKKING: Relato de «Los Gigantes del Sur»-22 a 24/04/2011

Todo comenzó el vienes a las 5am  cuando salimos desde Córdoba  con rumbo Alpa Corral, un pequeño pueblo cerca de Rio IV en el cual  comenzaría nuestra  travesía hacia Los Gigantes del Sur.

Luego de dejar la ruta asfaltada empezamos a recorrer camino de ripio rodeado de campos sembrados, en el horizonte poco  a poco fue apareciendo la figura del cordón serrano que tanto buscábamos.

Éramos 8 personas, Diego, Geli, Carlos, José, Yuyo, Paola (en su primera salida!), Lucas y yo (que no conocía a nadie… pero eso nunca fue un inconveniente). Cerca de las 8am llegamos a la unión de los dos ríos donde comenzaríamos nuestra caminata. Comenzamos a alejarnos del pueblo caminando entre coníferas hasta llegar al primer puesto, tratamos de avisar que pasábamos pero no había nadie.

Caminamos dejando atrás los pinos para empezar a vislumbrar los valles y laderas de los que comenzaban a ser las primeras quebradas que recorreríamos, el sol de otoño comenzaba a sentirse sobre nuestra piel a medida que pasaban las horas y mientras caminábamos apreciamos la belleza del viento acariciando las pasturas autóctonas y el cielo perfectamente azul reflejado en los arroyos y ríos que íbamos cruzando a medida que avanzábamos.

Muchas veces nuestra caminata se convirtió en escalada para poder sortear algún paso entre las milenarias rocas, la cual era un constante desafío  debido a que debíamos realizarla con las mochilas.

Era increíble observar cómo iba mutando el paisaje… y  encontramos desde bosques de coníferas, laderas completas de paja brava, bosques de zarzamoras, rosas mosquetas o rocas redondeadas quienes, cuales testigos silenciosas del tiempo  nos observaban pasar a su lado admirando sus formas…

Paramos a la orilla de un rio a almorzar y descansar un poco aprovechando para tomar sol el cual estaba increíblemente agradable… luego de una hora retomamos nuestro camino siempre hacia el noroeste, entre risas y charlas. Cerca de las 18hs atravesamos una pampita la cual parecía irreal con el sol haciendo las pasturas brillar en tonos casi plateados, llegamos a un arroyo en frente a un lindo desnivel por el que ascenderíamos posteriormente y merendamos. Caminamos una hora más hasta llegar a un paraje donde acamparíamos, buscamos agua preparamos mates  y nos dispusimos a esperar que la negrura de la noche nos acogiera en su regazo antes de que el sueño nos venciera hasta el día siguiente.

La noche fue clara y el paisaje era increíble, lo sé porque a cierta hora salí de la carpa a pesar del frio… definitivamente me sentía en los Gigantes del Norte, la luna era dueña del cielo acompañada por millones de estrellas  y las grades rocas de grisáceas con algunas manchas anaranjadas  que nos rodeaban formando un semicírculo hacían sentir su presencia por su altura, guardianes de nuestros sueños.

 Al día siguiente luego de un buen desayuno en grupo empezamos a desarmar las carpas y a preparar las mochilas para continuar nuestro camino.  Siempre hubo buena sinergia, cuidándonos entre todos y tratando de ayudarnos en lo que hiciera falta, sobrando el buen humor en todo momento.

Comenzamos a caminar como a las 9am nuevamente y este día ya pudimos comenzar a disfrutar de otro paisaje, las quebradas más pronunciadas solo cubiertas por pastizales de altura. Durante el día la luna nos acompañaba en nuestro camino…

Seguimos atravesando quebradas hasta llegar a un hermoso filo por el cual rodeamos una quebrada… es muy curioso porque es como una especie de pampita en altura y el suelo está cubierto de roca lisa y a veces en forma de grandes zócalos naturales, desde ahí podíamos observar perfectamente Alpa Corral y el horizonte que se podía apreciar perfectamente.

El cielo solo estaba cubierto por algunas nubes, estas se veían  con extrañas formas, dibujadas caprichosamente por el viento. Aprovechamos ese filo amplio para descansar un poco tomar aire y charlar en grupo, íbamos tranquilos entre charlas y ansias por toda la belleza que aun nos quedaba por conocer. Al mediodía nos detuvimos en una pampita verde y almorzamos, luego continuamos nuestro camino disfrutando el excelente día de sol y calor que nos invitaba a seguir caminando y disfrutando del paisaje que nos rodeaba.

La dificultad se mantuvo durante todo el camino, increíbles bajadas y pronunciadas subidas, por la tarde merendamos frente a un arroyo y luego continuamos  hasta llegar hasta un refugio abandonado a 1800msnm en la zona de una antigua mina de Fluorita, el cual es un mineral de color violeta…  me encanta el color violeta y siendo mi piedra preferida la amatista estaba fascinada.

Dejamos las mochilas en la entrada del refugio abandonado el cual se encontraba en bastante buen estado, como para pasar una noche ahí sin necesidad de armar las carpas, pero decidimos irnos a explorar un poco en busca de la entrada de la antigua mina, eran cerca de las 17hs y caminamos sintiéndonos libres del peso de nuestras mochilas, nos dirigimos hacia el oeste en busca de algún indicio…encontramos unas ruinas cerca del rio y una cueva en la roca como un rectángulo con una puerta de hierro el cual debió ser un lugar para reservar el polvorín.

Exploramos un poco más sin éxito, volvimos al refugio y buscamos al reto del grupo  y nos dirigimos donde habíamos visto las ruinas y la cueva para el polvorín, allí acampamos y nos preparamos para recibir la noche.

Aprovechando la acogedora temperatura en la cueva preparamos mates y merendamos, las horas fueron pasando y entre juegos, risas llego la hora de cenar, alguien prendió fuego para una fogata, otros cocinaban… Luego de cenar nos quedamos conversando hasta tarde, cerca de medianoche nos despedimos dirigiéndonos a cada carpa hasta el día siguiente.

En la mañana del domingo de Pascua desayunamos con el sol acompañándonos, luego preparamos las mochilas, las guardamos en la cueva y nos fuimos a explorar hacia el norte del campamento, puesto que podíamos ver una cumbre que sobresalía en el horizonte y queríamos llegar hasta la base de la misma…

Comenzamos a caminar  pasando entre pampitas en altura, impresionantes quebradas y vegetación autóctona, fuimos caminando y escalando para poder avanzar… luego de una hora de caminata llegamos hasta una quebrada muy profunda que se interponía  en nuestro camino para poder proseguir, pero la cual no podíamos sortear puesto que debíamos volver al lugar de partida.

Nos quedamos admirando el paisaje y observando el vuelo de los vencejos que volaban a la altura a la que nos encontrábamos pasando a un metro  nuestro sin inmutarse, cual clavadistas suicidas siguiendo su ruta, estábamos fascinados con su vuelo y los extraños giros en noventa grados que parecían seguir para alejarse hacia otro rumbo. En el fondo de la quebrada podíamos ver un bosque de tabaquillos rodeando el rio y extendiéndose por las laderas de la misma y un rio más que bajaba y se perdía hacia el valle ya en la provincia de San Luis.

Al  mediodía debíamos estar nuevamente en el origen y decidimos volver  a buscar nuestras cosas, nos preparamos y partimos hacia la quebrada que nos llevaría hacia nuestro punto final…

El camino ahora era completamente distinto a todo lo que habíamos visto. El sendero nos llevaba en casi setecientos metros de desnivel.  Cruzamos  un bosque de tabaquillos adultos, ¡que placer encontrarnos con ellos!, es tan difícil encontrar arboles de esta especie, Los colores del otoño en sus hojas y en la corteza de su tronco siempre rojizo nos invitaban a recorrer el sendero bajo el acogedor calor del sol, el cual por partes se convertía en arroyitos donde el agua proveniente de las vertientes se movía entre las piedras en su afán de alcanzar el rio que bajaba por la quebrada…

Paramos cerca de un puesto para almorzar cuando ya  la pendiente de  descenso no era tan pronunciada y luego de una hora continuamos nuestro camino…. Los tabaquillos habían quedado atrás para dar lugar a los pastizales y arboles de espinas, que posteriormente se convertirían en bosques de zarzamoras … en un par de horas llegamos hasta una bella cascada y nos dispusimos a descansar antes de proseguir  hasta el final de nuestra travesía. Esta cascada se extiende a lo largo de seis cascadas más a medida que se sube por la quebrada de la cual proviene el agua que la conforma, en mi caso solo ascendí hasta la segunda y pude observar lo mismo que en la primera. El agua impecablemente limpia y una olla translucida formada en su base.

En este lugar nos cruzamos a las dos primeras personas fuera del grupo que veíamos después de tres días de caminata.

Durante lo que quedaba de camino íbamos sobre un rio o bordeándolo  y de pronto el bello paisaje verde se convirtió en paredones rojizos y un rio seco, habíamos llegado a una antigua mina de uranio…

Pasada una media hora llegamos finalmente al camping donde nos buscarían, compartimos una picada y algunas bebidas para brindar por tres días increíbles. 40.19km durante más de 20hs de caminata, marcaba mi GPS.. lo que él no supo contabilizar es el invaluable valor humano que conocí en mi primera y definitivamente no la ultima-salida con el grupo del CAC.

Silvina Miana

¡¡MUNCHAS GRACIAS SILVINA POR TU RELATO!!